segunda-feira, 26 de outubro de 2026

La Disneyficación del Día de Muertos.


Hace muchos años en este blog alegué que no veía mayor problema entre la sincretización del Halloween y de los Días de Muertos; que incluso me parecía un desarrollo divertido y natural.  Que idiota fuí. Ahora me arrepiento mucho de esa postura, aunque sigo sosteniendo que los procesos de sincretización cultural son inevitables e incontrolables. El problema es que esto no es sincretización cultural: es una guerra entre culturas, y está es una de las batallas que la Cultura Mexicana está perdiendo frente a la anticultura del consumismo global, una faceta de la anticultura estadounidense.
 
¿Qué chingaos se supone que hacen esas muñecas ahí? 

Aclaro uno poco estos últimos términos. Esto que estoy llamando anticultura estadounidense es diferente de la cultura estadounidense, que, aunque usted no lo crea, existe aún. La Cultura comparte rasgos con su Anticultura, podríamos decir que la segunda es la hija más enferma de la primera. Le llamo anticultura al proceso dirigido hacia la aculturación de la gente. Éste banaliza la simbología y la estética, vacía de contenido actos y objetos culturales de un pueblo, tomando aquello que sea "cool" o "bonito"  y convirtiéndolo en producto barato producido en masa. Para ejemplo claro, el tema del que estoy hablando: El Día de Muertos se está convirtiendo rápidamente en un producto comercial barato, espectacular, de turismo superficial y entretenimiento. Una fiesta genérica intercambiable excepto por un tema estético y de colores reconocible para diferenciarlo de otros que han sufrido ese proceso, como la Navidad, o, por supuesto, el Halloween.

Debió ser obvio para mí que el Halloween, igual que la Navidad con Santa Clos, no entró como intercambio cultural entre EUA y México (y el resto del Mundo), sino como un programa con claras intenciones: la de vender basura, y la de desplazar la identidad cultural de otros pueblos, para reemplazarla, no por la anglosajona-americana, sino por una versión muy rebajada y muy idiotizada de ésta, una versión que de hecho han probado con su propia población los poderes fácticos de EUA. Porque sí, alguna vez el Halloween fue también una fiesta de final de cosecha, con agradecimiento para las potestades del Inframundo y los ancestros, y otras entidades que podían ser o no benéficas. A los celtas, anglos, sajones de hace 1400 años o más no les parecía buena idea recibir la abundancia de la cosecha sin hacer ritos adecuados para Aquellos que podían influir en lo Incontrolable. De ese Halloween queda muy poco; incluso el ritual de personificar entidades del Más Allá se ha diluido con las fiestas de disfraces donde los invitados consideran cualquier atuendo aceptable.
 
Disfraz de Catrina-Calaverita de Azúcar, tradición milenaria de hace unos 15 años. 
 
Y ese proceso está ocurriendo de forma patrocinada con el Día de Muertos. Ni siquiera se recuerda que hace poco se celebraban varios días, con ofrendas que variaban por causa de muerte, siendo diferente la lista en diversas partes del país. Ahora contamos con el maravilloso desfile de Día de Muertos, tradición debida a su invención en una película de James Bond. Y de ser este un ejemplo de sincretismo cultural entre el Halloween, el cine hollywoodense y el Día de Muertos, me parecería divertido, pero no lo es: es un acto organizado por los gobiernos con la intención de hacer algo "instagramable", apto para el consumo fácil del turismo. Las veladas que se hacían en panteones o en capilllas de barrio, o en las entradas de la casa, donde se compartía comida propia de esas fiestas y bebidas alcohólicas, para recordar a los seres queridos, están siendo reemplazadas por fiestas temáticas de color cempasuchil y morado halloween. Estuve en Oaxaca en una particularmente triste, donde los turistas reventaban con un DJ y luces y se vendía "cerveza" industrial  helada, en la entrada de un cementerio de pueblo. Un turista canadiense me comentó impresionado lo "increíble" del evento, lo "mexicano" y lo "especial" que era. Una borrachera genérica con un barníz temático y musica adecuada para colonos del occidente global. Sólo unas pocas familias estaban realmente velando a sus difuntos, aquellas que podían estar suficientemente alejadas de la iluminación y las bocinas. La forma tradicional de compartir la comida y bebida estaba imposibilitada por el arribo masivo de invitados a la peda. La probabilidad de que eso ocurra en un cementerio es proporcional a que tan bella era la fiesta original, los ejemplos de Mixquic y Pátzcuaro son obvios, el Xantolo Huasteco también está sufriendo este desarrollo.

Yo veo un síntoma de la aculturización de los mexicanos en algo tan simple como que acepten y compren el falso cempasuchil chino, ese que no se le caen los pétalos (“¡qué práctico!”) y que no huele a nada (“ay, ese olor que marea”), y que básicamente le da en toda su madre a la ofrenda, puesto que el perfume de las flores es fundamental dentro del ritual. Y ya es tan ubicuo que aparece, claro, en los carteles del Dia de Muertos diseñados por i.a., en lugar del verdadero, el Zempoalxochitl. Y ya que andamos en detalles, el color morado que se usa, ese como de refresco de uva artificial, ese es también una chafisación del rojo vino, el color de la flor llamada mano de león, o el otro violeta un poco más obscuro, de la borla de obispo, ambas dedicadas a los Muertos por muerte violenta. Que ahora la gente use el tema de colores del desalmado Halloween (naranja y morado propios de Willy Wonka) y les parezcan "los colores del día de los muertos" me hace llorar. Realmente me sorprende lo eficaz de la desensitivización de la población, acelerada, claro, por los cada vez más eficientes medios de comunicación masiva que reproducen incesantemente contenido basura.

Y claro, no podemos dejar de hablar del vector de ataque que le da el título a este artículo: el cine hollywoodense para niños. La película “Coco” ha sido una gran embajadora de este "día de los muertos" no sólo en el extranjero, sino dentro del mismo país. La historia de esta película comienza con el  detallazo de que Disney intentó registrar como marca propia la expresión "Día de Muertos" cinco años antes del estreno. Como efecto posterior, la señora real en la que está basado el personaje "Coco" fue visitada masivamente por turistas, que la llamaban "Mamá Coco", cosa que a ella le parece extremadamente molesto (desconozco si aun vive, tenía 105 años al momento del estreno), así como la falta de reconocimiento del estudio a los lugares y personas reales en las que basaron sus personajes. La producción incluyó un esfuerzo serio y duro sobre diversas festejos del Día de Muertos, que acabaron, claro, en enfocarse en lo aparente y exterior, y  en su  manipulación para que fuera más vendible. La película “Coco” es una entre varias cintas de animación por computadora que, aún con manos mexicanas, son producciones gringas, como "El libro de la Vida" (2014). Admito que las películas no son la basura hollywoodense usual, y que algo logran explicar al público extranjero sobre nuestra celebración. Pero esto, aunado a otras formas vendibles del Día de Muertos, crea y sostiene una impresión banal. 
 
Otro ejemplo que se me viene a la mente que delata lo mucho que se ha rebajado lo potente de esta celebración es la Mega Ofrenda de la UNAM. Hace muchísimos años (alrededor de 20), estas ofrendas eran construidas por los estudiantes con ninguna injerencia de las autoridades, y eran un despliegue de Arte, Combatividad Política, Denuncia, Dolor, Furia, Conciencia. Solía ir a visitarlos con mucha emoción. Los altares de Ciencias y Ciencias Políticas eran brutales. Se instalaban en las Islas de C.U., e imperaba una oscuridad punteada de pocas bombillas eléctricas y veladoras [1]. Era mágico, poderoso y significativo. Y de repente, un año, el primero de la Presidencia de Peña Nieto, que la Mega Ofrenda fue trasladada a una plaza secundaria pequeña del Centro de la Ciudad de México, y que estaba totalmente limpia de cualquier tema político o de contenido social. Era una serie de instalaciones "light" hechas en unos módulos estandarizados que parecían idea de los peores estudiantes de mediados de carrera de diseño industrial. Y se veía falta de todo: de ganas, de interés, de recursos. Después de esa visita las ofrendas universitarias continuaron siendo bastante aburridas, y dejé de visitarlas. No sé como estén ahora, espero que se hayan recuperado. 

Y pues ya que lo mencioné, otro claro efecto de desensitivización: los cartéles generados por i.a. (me niego a escribirlo en mayúsculas). Todos con la misma estética obvia, la misma composición "mexicana como de rotulero", pésimamente lograda; a nadie le importa. Que lo usen negocios, bueno, siempre han sido tacaños con pagar diseño, no es sorprendente, y tampoco es sorprendente que lo use el gobierno, también asiduo recortador de gastos (reales, porque pa' inflar cuentas...). Que sea ubicuo, que ningún local tenga algo hecho con cariño, con gusto propio, y que prefieran mandar imprimir estas cosas, dice mucho del estado actual de nuestros pueblos y su interés por sostener su cultura. Y a pesar de las tan cantadas posibilidades de las i.a., a mí me parecen todos iguales: no es como tener una riqueza de diseñadores gráficos infinita, es un único diseñador aparentoso pero absolutamente nada creativo. Contrastando, no hace mucho era normal ver en los cafés y comidas corridas una pequeña ofrenda, papel picado (ahora es plástico picado, vaya), y alguna copla escrita por algún ingenio propio. Espero encontrar algo de eso aún. 
 
Obvia i.a. es obvia. 
 
Y, no, no estoy a favor de un conservadurismo rígido de las tradiciones: algún artesano mexicano en una entrevista, que vergüenza no acordarme de su nombre, dijo que una tradición que no cambia está muerta, y que las tradiciones vivas cambian. Pero lo que está pasando no es un cambio natural, como indiqué al principio. Discúlpenme la babosa paradoja, pero el Día de Muertos es, aunque convaleciente, una tradición viva, y por supuesto que adquirirá rasgos nuevos y se irá transformando, me guste o no la dirección. Por ejemplo, las calaveras de azúcar son relativamente recientes, de los años 1950s. Aun así, encuentro preocupante que prefiramos comprar adornitos de plástico barato de china de estilo pseudo mexicano en lugar de los platitos de comida de barro, las calaveritas de alambre con cerámica, los trastes y utensilios en miniatura de madera y metal que se les ponía a las ofrendas anteriormente.

Hay algo fundamental que es intransportable por estas vías de camino fácil; por la via "Pixar", por la vía "diseño por i.a.", por la vía "fiesta pa'l turismo". 

El Duelo.

Porque al final, Los Días de Muertos conllevan duelo. Y sí es correcto que en México hacemos de esto una fiesta alegre, inusual entre otros Días de Muertos, y que conlleva cotorreo y bromas, como "Las Calaveritas" [2], y sí se consume alcohol en ánimo festivo, al final es una fiesta donde se recuerda la pérdida irreparable de los seres amados. Y sí ni siquiera le dedicas un mínimo pensamiento a tus Preciados Difuntos, sí no sientes algo de dolor, entonces no estás celebrando el Día de Muertos. 
 

(Y si no llegas a sentir algo de miedo del Inframundo, también tu Halloween es superficial.)
 

 
 
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[1] La contaminación lumínica actual hace imposible crear esos ambientes en México ahora. Los mexicanos parece que ya no se sienten seguros si no hay un cañón de luz blanca de penitenciaria dándoles en los ojos toda la noche. Ni qué decir que la Oscuridad es fundamental para este ritual, y para muchas experiencias 
místicas. Sobre ello escribiré otro ensayo.
 
[2] Pa’ quien no sepa: versos humorísticos sobre personas vivas donde se bromea sobre cómo se van a morir, o cómo han burlado la muerte, o también recordatorios burlescos sobre personas ya fallecidas. 
  

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